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Puerto de Sóller: encanto natural

A ambos lados del litoral, un faro vigila tanto a babor como a estribor la entrada a la bahía de Puerto de Sóller. Por las noches se convierte en un marco incomparable para contemplar la puesta de sol. Se trata del único puerto natural y el más grande de la costa noroeste de Mallorca, que acogió hace unas semanas en sus aguas una inmensa nave, el "Seabourn Quest", un crucero de lujo que ancló frente al puerto para ofrecer a sus pasajeros la oportunidad de visitar el emblemático pueblo situado en el corazón de la Sierra de Tramuntana, declarada recientemente Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco.

El año pasado fue "Earl of Pembroke", una réplica de una galera del siglo XVIII, la que se dejó ver por aguas del Puerto de Sóller. Este mágico escenario se convirtió también en plató para el filme Cloud Atlas, que contiene escenas en el litoral del puerto, en los acantilados, en la emblemática playa de arena blanca Sa Calobra, la desembocadura del Torrent de Pareis y el Cap de Formentor. Durante las dos semanas que duró el rodaje, Tom Hanks se desplazó a los escenarios en helicóptero, mientras que Halle Berry optó por moverse en limusina. Y es que Puerto de Sóller conserva su esencia de pueblo pesquero, pero a su vez se dejan ver por sus paseos numerosas celebridades atraídas por su encanto natural.

En la última década se han llevado a cabo numerosas remodelaciones en Puerto de Sóller que han contribuido a una reestructuración urbanística para mejorar la fluidez del tráfico, ampliar la zona de la marina, potenciar una oferta gastronómica de calidad, arreglar la playa del Puerto de Sóller para regocijo de turistas y residentes e incluso acoger el prestigioso y lujoso hotel de 5 estrellas Jumeirah. Hoy en día se puede disfrutar de la mejor oferta de bares y restauración entre el bullicio de las terrazas del puerto y de la mejor música en vivo de la mano de guitarristas y saxofonistas. Sin olvidar la famosa y cotizada “gamba roja de Sóller” que venden los pescadores del puerto a los restaurantes de la zona, haciendo las delicias de los paladares más exquisitos.

En tiempos remotos, cuando no existían las embarcaciones de recreo y el valle de Sóller no estaba conectado a Palma a través del ferrocarril y del túnel que atraviesa la Sierra de Tramuntana, la actividad pesquera y marítima era el principal sector productivo de la zona. Desde el siglo XVII el comercio con cítricos y otros productos locales comenzó a prosperar, sobre todo gracias a las exportaciones al sur de Francia, que llegaron a su clímax en el siglo XIX. La influencia de la arquitectura y el estilo de vida francés todavía se puede apreciar hoy en día en varias casas señoriales situadas a sólo dos kilómetros de Puerto de Sóller. El tráfico náutico vivió su máximo apogeo en aquellos años; numerosos comerciantes y viajeros partían o llegaban a Sóller en transporte marítimo, y también muchos sollerics se echaban a la mar en busca de un futuro mejor en otras regiones más prósperas.

Años más tarde, durante la década de los sesenta, el auge del turismo en España se materializó en Sóller convirtiéndose en uno de los sectores económicos más productivos de la región. Y aún hoy en día el puerto acoge a turistas que se desplazan a la zona atraídos por su encanto natural y su tranquilidad. Disfrutar de un día de relax en la playa, hacer senderismo, montar en bicicleta, navegar a vela, practicar el golf a sólo 15 minutos o simplemente gozar del estilo de vida mediterránea se hacen realidad en Sóller.

A nivel cultural, Puerto de Sóller cuenta con una oferta extraordinaria, que va desde las exposiciones en el Museu del Mar en el casco antiguo de pescadores Santa Catalina, a las fiestas tradicionales y folklóricas e incluso al sofisticado festival de música clásica que acoge Sóller al caer el otoño. Viajeros y residentes participan con ahínco en la vida del pueblo y muchos de los visitantes terminan enamorándose de la región hasta convertirla en su residencia. La oferta de inmuebles es amplia: desde una casa típica en el casco viejo de Santa Catalina, junto al puerto, pasando por un apartamento con vistas al mar o una villa moderna, hasta una finca rústica en las afueras. A pesar de la variada oferta inmobiliaria, Puerto de Sóller ha sabido conjugar a la perfección la naturaleza y magia del entorno con el paisaje urbano.

Sea como fuere, sólo con abrir los ojos y el corazón ante semejante belleza que se alza entre el mar y las montañas, uno siente haber encontrado aquello que tanto ansiaba.

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